29/07/2010

Jueces díscolos: os estamos vigilando

Un periódico, conocido por su indisimulado sesgo a favor del actual gobierno, está preparando la campaña de desprestigio del juez de Orihuela que tuvo el atrevimiento de poner en tela de juicio un rocambolesco operativo policial (al parecer, unos 80 agentes) para la detención en pijama del presidente de la Diputación de Alicante. El juez en cuestión ha osado poner en claro, a través del gabinete de comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Valencia, que no existía orden judicial, ni expresa ni tácita, para practicar la anterior detención; y que tampoco había acordado la citación ni la imputación judicial respecto de dicha persona.

Ante tamaña osadía, el juez ya ha sido calificado: es «de ideología conservadora» y está «alineado con la derecha». El articulista que así lo define, reconoce que el juez «no está adscrito a ninguna de las asociaciones profesionales», pero en un alarde de alto periodismo de investigación afirma que «sí ha defendido posiciones de derechas en algunas de las juntas de jueces». No obstante, nos oculta cuáles son esas «posiciones de derechas». ¿Será que votó a favor de la huelga?, o ¿quizás a favor de que se crease algún nuevo juzgado? ¿Son éstas posiciones de derechas o de izquierdas?

Más bien creo que de lo que se trata es de elaborar estereotipos interesados para trasladar a la opinión pública un mensaje falso: que existe relación causal entre la actuación del juez y la ideología que el articulista le atribuye apodícticamente. De paso, se desestabiliza el sosiego del juez.

El articulista lanza seguidamente un reproche: «El magistrado es reacio a hablar con los medios de comunicación»; como si eso fuera un desdoro, cuando, teniendo en cuenta la manipulación y mala baba que se gastan algunos medios, esa actitud silente es, sin duda, una prudente cautela. Más adelante tacha al magistrado de «áspero en el trato, poco comunicativo y beligerante con las posiciones que defiende». La verdad es que estas apreciaciones no sé muy bien como tomarlas. Veamos: «áspero», es decir, que no es suave o manso ¿y qué?; «poco comunicativo»… ¿se quiere dar a entender que una persona reservada o introvertida es peor juez?; «beligerante con las posiciones que defiende», o sea, dispuesto a polemizar sobre aquello en lo que cree. Pues va a ser que no era una diatriba para dibujar un estereotipo peyorativo, sino laudatorio para ensalzar ciertas virtudes del magistrado.

Pero no. Al final nos demuestra que no eran tan buenas las intenciones. Concluye que es «un hombre acomodaticio y dócil con el poder institucional». Pues resulta que, precisamente por no ser acomodaticio ni dócil con el poder del gobierno de España, ya han comenzado a preparar su calvario los voceros mediáticos del poder institucional.

Algunos detestan a los jueces independientes, que desempeñan bien su oficio y no se someten genuflexos a los designios del poder ejecutivo. Esto es un aviso a navegantes; una advertencia que, descarnadamente, podría traducirse así: «Jueces díscolos y desobedientes, que solo os guiáis por las leyes y la Constitución, que no os comprometéis con la sintonía que se interpreta desde el poder, que hacéis gala de vuestra independencia de criterio… os estamos vigilando, os desacreditaremos y os haremos parecer miserables ante la opinión pública si fastidiáis nuestros planes».

FUENTE: Alfredo de Diego Díez, quien es secretario de la Gestora Territorial andaluza de la asociación Foro Judicial Independiente. Artículo publicado en el Mundo, Andalucía, Tribuna Libre, el jueves 29 de julio de 2010