26/02/2010

JESÚS MANUEL VILLEGAS FERNÁNDEZ | MAGISTRADO DEL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN NÚMERO 2 DE BILBAO

Contra el vicio de pedir, existe la virtud de no dar. Seguro que muchos recordarán este refrán ante la oleada de protestas que vienen aireando los jueces españoles. Reclaman, entre otras cosas, mayor inversión en Justicia. Parece natural, todo el mundo barre para casa, pero no por eso se les va a hacer caso.

Pertenece ya al pasado la bonanza económica. Ahora nos esforzamos por salir de una crisis. Al que ha perdido su empleo o ha echado el cerrojo a su empresa; para el que está asfixiado con la hipoteca o no llega a final de mes, los lamentos de la magistratura le sonarán a música celestial.

¿Cuáles son las verdaderas reivindicaciones de los jueces? Muy pocos lo saben. No es una subida salarial, sino la mejora de los recursos materiales en un país cuyo porcentaje del PIB dedicado a Justicia no alcanza la media europea. Como si los médicos solicitaran instrumental moderno o instalaciones higiénicas para sus quirófanos.

Se presenta ahora la oportunidad de saber exactamente de qué se queja la judicatura. En este instante se fragua una revolución sosegada. Son ya mil los magistrados que han suscrito un manifiesto donde exponen sus reivindicaciones. Lo han hecho espontáneamente, sin intervención de la jerarquía ni de las asociaciones corporativas, pasándose el mensaje de unos a otros a través del correo electrónico. En muy buena medida es un movimiento de los jueces de a pie, de los que sufren las penurias cotidianas. Va de suyo que los prebostes de las alturas se han mantenido, en su mayoría, cautelosamente al margen.

Los magistrados no sólo exigen más medios, sino el cese de la politización. De hecho, el manifiesto se titula ‘Por la despolitización y la independencia judicial’. Piden sus signatarios una democratización de la carrera. Por increíble que parezca, los jueces españoles carecen de órganos para expresar su voluntad como colectivo. Son gobernados por un Consejo al que designan en exclusiva los políticos. Tan grosera es la manipulación que ya ni siquiera se guardan las formas: el nombre del último presidente del Poder Judicial fue filtrado por el Gobierno a la prensa antes de que los vocales (quienes teóricamente tienen la facultad de escogerlo) hubieran votado. Depositaron luego, cual dignísimas marionetas, sus superfluos sufragios en la tragicomedia de una elección mercadeada de antemano. Como en esos premios literarios amañados que tanto gustan al mundillo rosa.

Cuando murió una niñita y se echó la culpa al titular del juzgado que tramitaba la causa de su asesino, la indignación se propagó entre la judicatura como llamas incendiarias. La vicepresidenta del Gobierno sugirió a los medios la sanción que debía imponerse al magistrado presunto culpable: ¡Antes de que la comisión disciplinaria se hubiera pronunciado! Es una historia que se repite. Surgió entonces el movimiento ‘ocho de octubre’, que desembocó en dos huelgas y del que nace el actual manifiesto por la despolitización.

La proporción de jueces en España por cada 100.000 habitantes es la mitad que la media europea y, con todo, su nivel de productividad es superior. Abundan los juzgados que son pozos negros, con tantos asuntos pendientes que es prácticamente inviable atenderlos puntualmente. Si uno de esos legajos polvorientos corresponde al de un psicópata criminal, y el infortunio se ensaña con la víctima -como sucedió con la pobre criatura asesinada-, entonces el poder político se aprestará a sacrificar en el altar de la opinión pública al magistrado agraciado en esta macabra lotería.

¿Quién hablará en nombre de los jueces? Claro está que ni el Consejo ni los demás poderes del Estado. Ellos dependen de la lógica electoral. Las asociaciones, sucedáneo de sindicatos, representan un reducto de libertad. Sin embargo, algunas de ellas se acomodan encantadas en los aledaños del poder. La vocal del Consejo Margarita Robles se jactaba hace poco de haber colocado a sus camaradas de afiliación en numerosísimos puestos clave de la cúpula judicial. Y eso que su asociación es minoritaria. De los no asociados (la mitad de la carrera) mejor olvidarse, son proscritos sistemáticamente. Las asociaciones tiznadas ideológicamente como conservadoras o progresistas surten a los gobernantes de un reservorio de magistrados afines para que los sitúen donde a aquéllos les convenga. Al juez que sacan del agujero de su atiborrado juzgado y le obsequian generosamente con una canonjía dedocrática le cambia la vida. Es el paraíso de los elegidos. Eso sí, con el carné por delante.

La Junta de Jueces de Bilbao fue la primera en todo el territorio nacional que, en acuerdo de 21 de enero de 2009, decidió propugnar mecanismos de representación judicial basados en la fórmula ‘un hombre, un voto’. Como era de esperar, nadie le hizo ni caso. Irónico preludio del espectáculo que se nos ofrece ante la renovación de la presidencia del Tribunal Superior de Justicia vasco. El manifiesto, por su parte, contiene propuestas similares. Ya es hora de que se sepa cuál es la voluntad de la judicatura, sin filtros asociativos o de otras estructuras corporativas. Es curioso que se les niegue a los jueces la misma democracia que ellos deben garantizar en sus sentencias.

El ciudadano agobiado por la crisis tiene derecho a que sus pleitos se resuelvan en un plazo razonable, en juzgados servidos por jueces escogidos únicamente por su mérito y capacidad. En su lugar, se topa con tribunales atascados insertos en una burocracia donde la promoción obedece a filias ideológicas. Aquí coinciden judicatura y sociedad. No son mejores sueldos lo que se exige, sino unas mínimas condiciones de trabajo. Si los hospitales funcionaran como nuestros palacios de Justicia, bien les valdría rotularse como tanatorios. Por eso, ya es hora de que se sepa lo que piensan de verdad los jueces españoles, por sí mismos, sin necesidad de interesados intermediarios.

FUENTE: JESÚS MANUEL VILLEGAS FERNÁNDEZ | MAGISTRADO DEL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN NÚMERO 2 DE BILBAO, artículo publicado esta semana en el diario “El Correo Español-El Pueblo Vasco”.