16/02/2009

Por la Justicia, por dignidad, por responsabilidad, haré huelga el día 18

JOSÉ ANTONIO VÁZQUEZ TAÍN. Vaya por delante que no me considero ni mejor ni peor trabajador que cualquier otro y que no me veo como un funcionario de categoría especial. Vaya por delante que, cuando visto mi toga, asumo conscientemente la dignidad de un poder del Estado y la responsabilidad de un servidor de la causa pública, por encima de intereses propios y de opiniones o ideas, más o menos particulares. Vaya por delante que la actitud que describo la aprecio en la inmensa mayoría de los compañeros de carrera.

En mis once años de ejercicio profesional he renunciado a vacaciones sin compensación alguna, casi no he disfrutado de días de permiso por asuntos propios y, al igual que todos los jueces de España, trabajo fines de semana y festivos pues, únicamente en la quietud del hogar, es posible redactar resoluciones largas o complejas; reservo el horario de oficina para tomar declaraciones y celebrar juicios, así como para dictar resoluciones de formulario y despacho de asuntos de trámite.

Que las sentencias las ponemos en casa, y fuera del horario de oficina, lo sabe cualquiera que conozca un poco el trabajo de los juzgados. Como todos y cada uno de los 4.500 jueces que conforman el escalafón judicial, he servido y sirvo en juzgados donde los expedientes se apilan de forma obscena, los asuntos nuevos entran como un torrente irrefrenable, los medios disponibles recuerdan las películas de Berlanga, y las carencias reflejan una blanquinegra España de pandereta. La inmensa mayoría de destinos judiciales en España es así, y todos los que asumimos la condición de juez hemos aceptado esta realidad como innata a nuestra profesión.

Como todos y cada uno de mis compañeros, he soportado sereno la repugnante bilis de ver que únicamente la Justicia es noticia cuando es injusticia; y, lo que es peor, cómo cobardemente se aprovecha el deber de secreto y discreción al que nos debemos para, alterando la realidad, hacernos culpables de realidades que corresponden a otros ámbitos. Todos los días oigo “salvapatrias”, que nunca han pisado un juzgado, diciéndome cómo tengo que trabajar, cómo tengo que juzgar, cómo tengo incluso que pensar. Somos la institución peor valorada del Estado, porque únicamente nuestros enemigos pueden hablar de nosotros.

Como todos y cada uno de los 4.500 magistrados españoles, centré mis esfuerzos en tratar de paliar, con voluntarismo y sacrificio personal, las carencias del servicio público al que pertenezco. Se podrá discutir el sentido o el acierto de mis resoluciones, pero creo que nadie tiene derecho a discutir ni la entrega, ni la dedicación, ni el sacrificio, ni el riesgo asumido.

Que la situación de la Justicia es traumática, crítica, y no admite ya simples parches es una realidad incontestable.

Que las causas son múltiples y, en algún caso, discutibles, es cierto, pero, por encima de todas las causas, una brilla como el astro rey de una constelación. Tenemos una ratio de jueces por habitante que es la mitad de la media europea (9,8 po 100.000 frente a 20 por 100.000). El resto son discusiones intelectofilosofoideologicosindi-calteoricoidealistas que están muy bien para las tertulias de café a las que, por cierto, los jueces en general no podemos acudir, por estar demasiado ocupados tratando de luchar contra el retraso de nuestros juzgados.

Hemos llegado a esta situación porque las demandas de medios judiciales nunca fueron debidamente atendidas por el poder ejecutivo que, a la sazón, es el que gestiona con mano de hierro el edificio del poder judicial. Se nos llama vagos, señoritos, y se oculta intencionadamente que atendemos el doble de asuntos que cualquier juez de Europa y, hasta donde alcanzo a conocer, puedo afirmar que no existen magistrados europeos ociosos. ¡Basta de engañar a la opinión pública con temas que los jueces no hemos planteado! Nosotros somos los primeros en no tratar de buscar culpables, sólo soluciones, pues a la situación actual no se ha llegado en una sola legislatura, ni en dos.

La única salida a la desastrosa situación de la administración de Justicia española es planificar un programa de creación de órganos judiciales que permita, en un plazo de cinco a diez años (en menos tiempo es imposible), alcanzar el mínimo de juzgados necesarios para prestar un servicio aceptable.

Mientras esto no se consiga, el resto es accesorio, por no decir inútil. Qué más da la aplicación informática, o el sistema de organización de la oficina judicial; mientras que un juez deba asumir y tramitar más asuntos de los humanamente posibles, y con menos medios materiales y humanos que cualquier otra administración del Estado, los plazos legales, la colocación de las mesas o el sistema informático, no son más que brindis al sol.

Hemos dado todo lo humanamente posible para conseguir que nuestra administración de Justicia funcione, y no ha sido suficiente, necesitamos el doble de órganos. Estamos dispuestos a trabajar con los mismos medios, o mejor dicho, con las mismas carencias, que ya estamos acostumbrados; sólo pedimos que se nos dé un número de asuntos que podamos estudiar y atender. El ordenador no escucha por nosotros, no piensa por nosotros, no delibera por nosotros.

Hartos de que los grandes acuerdos por la Justicia se limitaran a determinar cuántos vocales del Consejo nombra cada partido, o cuántos magistrados del Constitucional pones tú y cuantos pongo yo; hartos de que la única salida al retraso judicial sea dictar leyes que nos ordenen ir más rápido, los magistrados de toda España hemos decidido parar.

Conscientes de que constituimos un pilar esencial del Estado; conscientes de que un Estado no es democrático si no es de derecho; conscientes de que todo ciudadano tiene derecho a que sus conflictos, interpersonales o con la Administración, han de tener justa y pronta respuesta, todos los magistrados, sin fisuras, entendemos que es momento de afrontar medidas reales y no sólo teóricas para conseguir, precisamente, que este poder judicial funcione como tal pues, aun los que no acuden a la huelga han respaldado, sin una sola abstención, la hoja de necesidades judiciales.

Los jueces que vamos a hacer huelga lo hacemos como un ejercicio de responsabilidad y respeto hacia nuestra carrera y función pública. Lo hacemos porque pensamos que es la única vía para que se escuche el verdadero problema de la administración de Justicia, que es la falta de juzgados. Lo hacemos para que, por una vez, se oiga la voz de los trabajadores que diariamente nos enfrentamos y luchamos contra el atasco judicial. Lo hacemos para que se oiga la opinión de los que ni aspiramos a altos cargos de libre designación, ni queremos medrar a puestos más cómodos. Lo hacemos porque gracias a esta huelga, por primera vez, se está tomando en serio el problema de la carencia de órganos y de medios, y por primera vez, los responsables políticos advierten que esta protesta no se solucionará comprando al mensajero, o con un simple gesto de maquillaje mediático-publicitario.

Porque creo que el mejor gesto de responsabilidad y respeto hacia nuestra toga y lo que representa, hacia nuestra función y lo que representa, yo, como muchos otros compañeros, el día 18 me quitaré la toga, pero no la voz.

FUENTE: José Antonio Vazquéz Taín Magistrado del Juzgado de lo Penal número 2 de A Coruña. Nació en A Merca, Ourense, en 1968. Entre los años 2003 y 2005 retiró 45.000 kilos de cocaína del mercado en operaciones que dirigió desde el juzgado de Vilagarcía. Fue director del Centro de Estudios Xudiciais de Galicia.