06/01/2009

Carta de un juez cualquiera a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Durante este año me he portado muy bien… bueno, bastante bien. He hecho todos mis deberes y… muchos más, pues he tenido que trabajar también los sábados y domingos para sacar adelante la sobrecarga de trabajo con que me atosiga la «patronal». Me dijeron que tenía que hacer un esfuerzo…, que era solo durante un tiempo…, que iban a crear los juzgados necesarios para que pudiera atender con prontitud y sin agobios a los ciudadanos…, pero mintieron (para ellos te pido carbón, si es posible amargo). Llevo trabajando a destajo durante muchos años y en condiciones indignas. ¡Basta ya! Así no me extraña que algunas cosas salgan mal y, lo peor de todo, es que, sin ningún sonrojo, nos echan a nosotros la culpa de todas sus deficiencias, pese a que no está en nuestras manos arreglarlas, sino sólo denunciarlas.

Mi familia no está muy contenta conmigo. Ello se debe a que, con tanto atender los asuntos del juzgado, no les he hecho mucho caso y me echan de menos. Pero os prometo que este año les dedicaré mucho más tiempo puesto que he tomado conciencia de que no soy un esclavo del trabajo; soy un ser humano, con familia, amigos y derechos.

Eso sí, he desobedecido a la subdirectora de «mi cole» (póngase aquí el nombre del personaje político que se quiera) porque pretendía imponerme la solución de algunos casos. Yo le he dicho que eso es asunto mío y que mi independencia no está en venta. Se ha cabreado mucho, ha tomado nota de mi nombre y, tras advertirme de que con esta actitud no llegaría a progresar en esta carrera, se fue corriendo a contárselo todo al señor director para que me castigase. No me importa. La libertad, la dignidad y la independencia bien valen una reprimenda de personajes con gestos totalitarios.

Dicho esto, no os pido nada para mí, sino para mis conciudadanos. Para ellos quiero que traigáis:

1. Más juzgados, para que no tengan que esperar hasta el año 2012 para que se celebren sus juicios y podamos atenderles con prontitud y, sobre todo, con la atención y tiempo que merecen sus problemas.

2. Más y mejores medios materiales, para que reciban una respuesta ágil y ajustada al siglo XXI (algo así como lo que tienen en la Agencia Tributaria).

3. Respeto por la independencia judicial, para que la resolución de sus asuntos no dependa del oportunismo político o de lo que más le convenga al gobierno de turno, sino de lo que dice la ley. No quiero poner mis sentencias al dictado de nada ni de nadie que no sea la ley. (Sé que es difícil conseguir este respeto por parte de algunos políticos, pero vuestra magia puede con todo.)

4. Respeto a las decisiones del Consejo General del Poder Judicial, que no debe sumisión alguna al Parlamento, ni es una sucursal del Gobierno (como algunos quisieran), sino un órgano constitucionalmente independiente.

5. Mucha comprensión, puesto que las quejas de los jueces tienen como finalidad la mejora de la calidad y eficacia en el servicio a los ciudadanos: Justicia con arreglo a la ley y con medios suficientes, sin injerencias, sin subordinación y sin dominación política

Y, para mi familia, todo el cariño y la atención que les he hurtado durante estos últimos años debido a mi obcecación por trabajar indebidamente hasta la extenuación, haciendo guardias por sueldos miserables (una guardia semanal de disponibilidad de un juez, noche y día, sábados y domingos incluidos, se paga a 32 céntimos de euro la hora —no es una errata—) y olvidando lo que verdaderamente importa.

Con esperanza e ilusión, recibid un abrazo de un juez español cualquiera.

L. Alfredo de Diego Díez. Magistrado y miembro de la asociación Foro Judicial Independiente.

FUENTE: L. Alfredo de Diego Díez (Artículo publicado en el Mundo de Andalucía el día 6 de enero de 2009)