Diversos artículos de nuestro compañero Francisco Serrano Castro

30/04/2008

JUSTICIA A REMO

¡Bogad con fuerza, la barca es nueva!. Esta es la arenga de un animoso Capitán (a la sazón Ministro de Justicia) a su tripulación compuesta por un nutrido grupo de técnicos, Directores Generales, Subdirectores, Jefes de Servicio, Secretarios y Subsecretarios, Consejeros de Justicia autonómicos con sus respectivos cargos delegados, vocales del CGPJ, periodistas especialistas en Prensa de Tribunales y un remero Juez. Evidentemente con este equipo y un nuevo procedimiento en el que nos embarca el talento del Almirantazgo, la Justicia navegará viento en popa.

Sin embargo, como remero, con las manos llenas de callos de dar palos al agua, modestamente considero que para que esa Justicia avance todo lo rápida que sería deseable, lo primero sería poner a otros cualificados profesionales del remo a dar empuje a su deriva. Más jueces, más remeros que nos permitan ponernos a la altura de otros regatistas que navegan con la agilidad que les brinda su mayor potencial humano; y que aquí se suple con el sacrificio del único remero que no recibe refuerzos, asentado en el desaliento y con más latigazos que los galeotes de Ben-Hur. Más Jueces, más Juzgados que hagan posible maniobrar la nueva nave de motor fuera borda. Lo demás será remar haciendo camino, camino sobre la mar, por mucho que se quiera vender que Justice’s living a celebration.

DESDE LA TRINCHERA

Aunque sea reiterativo quiero volver a denunciar públicamente la situación de anormalidad en que se encuentran muchos Juzgados Andaluces. Ya dije en una ocasión, que poco a poco se van realizando mejoras y se parchean importantes agujeros que antes hacían imposible ni siquiera el mínimo funcionamiento de algunos órganos judiciales.

Recientemente se ha implantado la informatización de la oficina judicial (aunque ciertamente en otras administraciones y sobre todo en la empresa privada esa informatización se produjo hace décadas), se han creado nuevos Juzgados, se han agilizado algunos procedimientos civiles, se han reformado y adaptado las sedes judiciales a las nuevas necesidades y tecnologías (salas de visitas con medios de reproducción audiovisual).

Ahora bien, ciertamente este esfuerzo ha sido insuficiente ante la creciente demanda de los andaluces de hacer efectivo su derecho a obtener tutela judicial efectiva. De hecho las mejoras iniciadas no han cubierto ni mucho menos, las necesidades de la Justicia andaluza, que aún habiendo abandonado recientemente la UVI del Hospital donde agonizaba, en la actualidad aún se encuentra ingresada y sin expectativas de obtener el alta médica a corto y medio plazo. Así la informatización iniciada adolece aún de deficiencias graves que retrasan la tramitación procesal de los expedientes; no se ha creado el número bastante y mínimo de Juzgados (así por ejemplo, en Sevilla aún no se ha creado el anunciado nuevo e imprescindible Juzgado de Familia); los modernos procedimientos civiles hubieran requerido una paralela reforma de la oficina judicial, que no se ha producido; no se han creado el número suficiente de salas de vistas; a veces incluso falta hasta papel. Por último, lo que resulta particularmente grave, cada poco tiempo se produce la desbandada de personal de los órganos judiciales, ante concursos de traslado que cíclicamente provocan que algunos requieran la urgente llamada de personal interino sin suficiente cualificación o, que también provocan que el personal interino experto y cualificado se vea sustituido por otro de carrera bisoño e inexperto.

Ante dicha situación, lo que me indigna es que desde las altas esferas de la Administración de Justicia, toda esta problemática se haga recaer en las espaldas de los más débiles y sacrificados: los funcionarios y los jueces, es decir, la sufrida infantería de siempre, los viejos tercios a los que se exigía resistir con sus capitanes en Flandes, con lo puesto y en el barro de las trincheras.

Personalmente como responsable de un reducido, honrado y cumplidor grupo de funcionarios, y como capitán de unidad, solo tengo que decir que de exigirme cuentas en su nombre, tendría muy claro que las únicas cuentas a rendir al Alto Mando serían las cuentas del Gran Capitán.

REFORMAS PROCESALES

Hay quienes afirman que son los jueces los responsables de que la Justicia no consiga, por fin, la velocidad necesaria para dar respuesta a los problemas de los ciudadanos. Ello, sin embargo, no depende, en gran medida, de los que hemos de administrar tutela judicial, sino de los que han de proporcionar los recursos precisos para su correcto funcionamiento. Ciertamente se puede confundir a la opinión pública con el mensaje de la reforma de las normas procesales, es decir aquéllas que regulan los cauces por los que se han de resolver los procedimientos ,al haberse agilizado su tramitación. Para quien no conozca los resortes del sistema judicial, puede ser un buen argumento en campaña electoral, pero para los que sufrimos la realidad de cerca, ese mensaje no nos confunde y hasta nos ofende.

Para que se entienda, es como si se hubiera inaugurado una nueva vía de AVE y siguiéramos circulando con máquinas de vapor que no se adaptan al espléndido trazado ferroviario. Luego, la culpa de que el invento no funcione es de los maquinistas y fogoneros, a los que cada día se exige más al grito de:¡”más madera”!. Mientras, lo cierto, es que algunos de los que tiramos del tren, a conciencia de sus limitaciones, y para no acumular más atrasos, lo hacemos hasta en merma de la salud. La semana pasada, por ejemplo, por no suspender juicios señalados, no me di de baja aun padeciendo inicio de bronconeumonía. En el caso de esa baja, nadie me hubiera sustituido, por estar así previsto, y esos juicios (algunos urgentes) se hubieran dilatado varios meses. Pero eso, aparte de a mi y a los afectados: ¿ a alguien le importa?

JUSTICIA LENTA

Como profesional con una vocación y apasionamiento por la carrera judicial, que aún no he perdido y que procuro renovar cada día, resulta triste el tener que trabajar lamentando que esa Justicia, a la que sirvo, siga resultando lenta e incomprensible para el ciudadano. Desde el Poder Político se ha intentado lavarle la cara, renovar y modernizar su anquilosada maquinaria, propiciándose un Pacto de Estado y reformándose la legislación civil de cabo a rabo. Sin embargo resulta claro que los próceres que se cuelgan las medallas de tanta renovación, por desgracia, siguen actuando de cara a la galería, con un total desconocimiento de la realidad que a diario se vive en los juzgados.

Desde mi perspectiva, siempre me había resultado evidente que, con independencia de otras carencias y limitaciones, la primera realidad vital era y es la de subsanar la endémica falta de Juzgados y Jueces. Sin embargo, en este País está visto que se comienzan los edificios por el tejado, emprendiendo reformas sin una previa cimentación que asegure y consolide sus objetivos. Lo importante es reformar, introducir “mejoras”, proyectar una colosal y moderna imagen de la Justicia, sin contar que para hacer un edificio, al menos, es necesario disponer de los suficientes recursos materiales y humanos.

Y sin ladrillos, cemento y obreros, es difícil que ese edificio programático pueda ejecutarse tal y como se diseñó. Al final, una chapuza y los Jueces (albañiles de la justicia) seremos los responsables de que los juicios se sigan demorando. El problema es que esas reformas no se han visto compensadas con la creación de nuevos Juzgados, servidos por unos Jueces con suficiente preparación. En muchos casos no se ha creado ni uno sólo, por lo que somos los mismos, ante nuevos retos y exigencias, y con la obligación de seguir dictando sentencias y resoluciones, todos los días, de forma motivada. Los juicios, en definitiva, se retrasan porque (salvo excepciones) es imposible asumir la Justicia de calidad que, simplistamente, se pretende para los ciudadanos, con el lastre de la cantidad de conflictos que, cada vez más, en número creciente, atascan las sedes judiciales.

Sin ir más lejos, y a título de ejemplo, se puede afirmar que un Juez español desarrolla el trabajo de tres jueces alemanes y, así, en una ciudad alemana, de población equivalente a Sevilla, existen ocho Juzgados de Familia, mientras que aquí sólo tres. Evidentemente, en Alemania no existen mejores Jueces que en España, pero sí Jueces más relajados y que pueden dedicar mayor tiempo a los asuntos de que conocen. Y eso sí que redunda en beneficio del ciudadano y no la existencia de preciosistas normas procesales.

EL EUROFUNCIONARIO

Está visto que todo lo que tiene que llegar, al final llega, ya que el paso inexorable del tiempo hace cumplir todos los pronósticos de irremisible cumplimiento. Por tanto, nos guste poco o mucho, lo cierto es que el Euro ya se encuentra en nuestros bolsillos como moneda con la que realizar transacciones, compartiendo espacio físico con los euroconversores que nos sirven para contrastar los precios que aún, mentalmente, estamos acostumbrados a calibrar solo en pesetas. Es un hecho, un acontecimiento que los españoles hemos de superar como un reto al que nos enfrentamos en el contexto de nuestra vocación europea. A fin de cuentas, dentro de unos meses ya nos habremos familiarizado a la nueva situación, incluso los mayores que tan reacios han sido al cambio, y terminaremos valorando lo que cuesta una cosa sin necesidad de equivalencias.

Ahora bien, lo cierto es que también se había pronosticado que el nacimiento del Euro, no iba a implicar incremento de precios. En este segundo caso, el augurio indudablemente no significaba más que un deseo, una voluntad bondadosa, una positiva previsión, dado que la realidad posterior ha demostrado lo contrario. Los precios se han disparado, siendo de temer el dato de IPC de los primeros meses de este año 2.002. Por contra, lo que sigue sin subir son los salarios, pues está visto que la política de contención salarial es ajena a estas menudencias económicas que a la postre, nos empobrecen lenta pero inexorablemente. Especialmente afectada se encuentra la capacidad adquisitiva de los funcionarios públicos, algunos de los cuales (al menos por lo que se refiere a los de Justicia, por lo que conozco, y, aunque siempre existan excepciones) trabajan incluso ejerciendo funciones y cometidos que no les vienen encomendadas legalmente y con el fin de procurar que el servicio al ciudadano se garantice en la medida que lo permiten los, muchas veces, reducidos recursos de los que se dispone. Claro que siempre habrá quien piense que esta afirmación es falsa, pues, por desgracia, la excepción se convierte en regla general en la conciencia colectiva.

Fuera como fuere, lo cierto es que, buenos y malos, todos los funcionarios seguirán congelados en la nueva moneda lo que, unido a la referida subida de precios, psicológicamente a un padre de familia que no alcance los 800 euros de sueldo (muchos en la Administración de Justicia) provocará un trastorno mental agudo. Luego eso sí, cada día se eleva más el nivel de exigencia de modélicos comportamientos con el fin de mejorar la imagen de la Administración Pública. Difícil objetivo, cuando el factor humano anda escaso de moral, de efectivo en la cartera y con ganas de atronadora cacerolada.

Fuente: Francisco Serrano Castro