Justicia crítica.

21/02/2007 – Artículo

La ciudadanía contempla tan expectante como perpleja los acontecimientos relacionados con determinadas decisiones de los Tribunales de Justicia.

Todos los partidos políticos dicen respetar las decisiones judiciales con tanta firmeza como acusan con vehemencia a los otros de no hacerlo, pero lo cierto es pocos pueden dudar que el respeto reclamado depende de los intereses en juego y de la rentabilidad que al partido de turno puede aportar.

Así, como un dominó, el prestigio de las instituciones relacionadas con el affaire cae sin que ninguna tenga para los ciudadanos la credibilidad suficiente para ofrecer una respuesta respetable en la que el Estado de Derecho prevalezca sobre los intereses partidistas.

El proceso deviene difícil de detener cuando los partidos tienen otros intereses, cuentan con medios para evitar ser controlados, la ciudadanía no reacciona exigiendo con firmeza respeto a la independencia judicial y las propias instituciones comprometidas actúan en contra de esa objetividad e independencia que debe presidir su actuación.

Por ello, si la inmensa mayoría de los jueces ejercemos nuestra profesión con discreción, extrema dedicación, honradez e independencia,¿cómo, desgraciadamente, la sociedad no lo percibe así?.

La responsabilidad es compartida: por un lado, el sistema de elecciones de los Vocales del Consejo General del Poder Judicial garantiza la selección de partidarios encargados de defender los intereses de los partidos que les nombran más que gobernar y velar por la independencia de los jueces. De ese modo, al reproducirse en el CGPJ, con total mimetismo, las tensiones y hábitos partidistas, hasta el punto de que para la opinión pública los vocales se dividen en conservadores-progresistas (eufemismo para no decir PP-PSOE), el CGPJ se ha convertido en una de las causas principales del desprestigio de la justicia y provoca que se crea, inmerecidamente, que los jueces necesariamente pertenecemos a algún partido político y actuamos en consecuencia.

Por otro, no podemos obviar el desmedido afán de protagonismo de ciertos jueces y su cercanía política con algún partido y, desde luego, la carrera judicial tiene parte de responsabilidad en el desaguisado: abrumados por unas precarias condiciones laborales, atenazados por el miedo a perder la independencia, a veces confundida con el individualismo, santo y seña de esta profesión, nos hemos convertido en meros espectadores de los acontecimientos, sin capacidad de reacción frente a un sistema impuesto que está carcomiendo nuestro prestigio y el de la Justicia.

Para colmo de males, esta situación ha anulado un arma esencial para combatir la creciente politización partidista de la justicia: las asociaciones judiciales.

Porque, si en vez de servir para defender los intereses profesionales y condiciones laborales de los jueces, las asociaciones son meras plataformas de acceso al poder de las que se nutren los partidos políticos para copar los puestos de dirección de la Justicia de nombramiento discrecional, el mal se acrecienta porque, por una parte, la defensa de los intereses profesionales sólo puede realizarse condicionadamente a través de esta sumisión a los partidos y, por otra, los jueces reniegan de las asociaciones judiciales tanto por su estrecha vinculación con un partido, lo que afecta de lleno a la independencia judicial, como por la falta de eficacia en la defensa de los intereses profesionales (que tanto precisamos), no en vano, el 50% de los jueces no está asociado.

El destrozo es evidente: una justicia que ofrece a la ciudadanía la imagen de politización y unos jueces desorganizados, desorientados e incapaces de reaccionar y demostrar que no es cierto.

Así se explica que acontecimientos tan deplorables, como los que continuamente estamos viviendo de deslegitimación de las resoluciones judiciales en función de intereses partidistas, no sean atajados de inmediato con sentido de Estado y respeto a la Justicia que, en definitiva, es uno de los soportes esenciales de cualquier democracia. Francisco Gutiérrez.

Fuente: Diario El Mundo