Suspensión Programa Europeo de Intercambio de Autoridades Judiciales por falta de Jueces Sustitutos

30/01/2007

JUZGADO DE 1ª INSTANCIA E INSTRUCCIÓN NÚMERO 3 DE ESPLUGUES DE LLOBREGAT

Esplugues de Ll., 9 de octubre de 2006

Excma. Sra. Dª. Mª. Eugènia Alegret

Presidenta del TSJ de Catalunya

Apreciada compañera:

En primer lugar discúlpame, además de por robar parte de tu tiempo, por escribir esta carta en castellano; lo hago así por si consideras oportuno ponerla en conocimiento de terceros que no entendieran el catalán. El pasado viernes llamé para explicarte por teléfono lo sucedido, pero me fue imposible contactar contigo. La razón de mi llamada fue que ese día me fue notificada una decisión que no únicamente me ha causado un gran perjuicio, tanto en lo económico como en lo personal, sino que entiendo resulta también lesiva tanto para las autoridades judiciales francesas como para los organismos comunitarios de cooperación judicial. Y, como consecuencia lógica, para la imagen de nuestro país -y de nuestra administración de justicia- ante dichas autoridades. Es por ello que me permito poner lo sucedido en tu conocimiento; en la esperanza de que, por tu mediación y la de la Sala de Gobierno que presides, pueda evitarse en el futuro la repetición de situaciones tan desafortunadas.

Permíteme que exponga unos breves antecedentes. El pasado mes de mayo la Escuela Judicial me seleccionó, junto con otros compañeros de toda España, para participar en el programa europeo PEAJ de intercambio entre autoridades judiciales. Por cierto, y perdona la inmodestia, tras certificar que mis niveles de ingles y de francés eran equivalentes a los de un nativo, lo que -según me dijeron en la Escuela- no acreditó simultáneamente ningún otro solicitante de la Carrera, y me hacía idóneo para dichos intercambios, de una duración de tres semanas. Una vez tramitados todos los requisitos burocráticos con Bruselas, que no fueron pocos, y con anterioridad a recibir de ellos la asignación económica prevista, reservar hoteles y comprar el billete, dirigí -el 10 de agosto, hace ya dos meses- solicitud al Ilmo. Sr. Presidente de la Audiencia Provincial de Barcelona para el nombramiento del oportuno sustituto, copia de la cual te acompaño. Como ya sabrás, el Juzgado que está a mi cargo (al menos hasta el próximo mes de junio, fecha en que finaliza para mí el plazo legal de dos años de prohibición de concursar) es el exclusivo de Violencia sobre la Mujer del partido, por lo que me resulta imposible abandonarlo si no se me nombra un sustituto; máxime cuando, como en el presente caso, existían diversos señalamientos civiles y las fechas en que pretendía ausentarme coincidían con dos guardias semanales a efectuar por mi juzgado.

Consciente, como digo, de la imposibilidad de desplazarme si no disponía de sustituto, telefoneé a primeros de septiembre a la Audiencia; allí me dijeron que mi solicitud estaba en trámite y que no había ningún problema, pues la sustitución, al haber solicitado una licencia por estudios superior a quince días, sería pagada con normalidad por el Ministerio. En tal creencia realicé los últimos trámites con Bruselas, donde me informaron de que mi destino sería el Tribunal de Gran Instancia de Versailles (Francia), me pusieron en contacto con su vicepresidenta y me ingresaron en la cuenta bancaria algo más de 2.000 euros, importe del adelanto de fondos para atender a los gastos de desplazamiento. Recibido el dinero, hice las oportunas reservas de hotel, adquirí los billetes y comencé a preparar con Mme. Catherine Rechter, la vicepresidenta del TGI, el contenido de mi visita.

Hacia el 20 de septiembre me hallaba ya en plena preparación de la estancia, en la que iba a participar junto con la 1ª Cámara Civil del TGI en la vista, debate y resolución de diversos asuntos, así como en varias audiencias del Tribunal Correccional. Incluso, según me informó Mme. Rechter, me estaban organizando una ceremonia de juramento ante la Cour d’Appel -el equivalente francés de nuestro TSJ-, pues parece ser que en Francia es preciso para proteger el secreto de las deliberaciones. Para mayor seguridad, y también por mis experiencias anteriores, volví a llamar a la Audiencia en aquellas fechas; allí la funcionaria a cargo del servicio, la Srta. Montse, me volvió a asegurar -imagino que algo cansada de mi insistencia- que no habría ningún problema con el sustituto.

Pues bien, no era así. En la mañana de este viernes pasado, una semana antes de partir para Versailles, me llamó la citada Srta. Montse para decirme que había un “terrible” (son sus palabras exactas) problema con el sustituto. Y el problema era que no iban a nombrar a ninguno.

No quiero aburrirte con los detalles de un problema que ya conoces, y que sé que intentas resolver. Tampoco voy a criticar a nadie; y no sólo porque la LOPJ me lo prohiba, sino porque hacerlo no me serviría ya esta vez ni como desahogo. Lo digo en mi condición de reincidente, porque el año pasado ya me ocurrió algo parecido: por falta de sustituto tuve que renunciar a un curso de una semana en París. Sin embargo, entonces nuestros conflictos económico-territoriales no causaron perjuicio a nadie más que a mí, por lo que no juzgué oportuno hacerte perder el tiempo con mis cuitas. Esta vez, sin embargo, perjudica a tanta gente que estoy anonadado. He hablado con la Escuela Judicial, donde no entienden nada; tan sólo saben, eso sí, que ya no están a tiempo de aprovechar la plaza para un compañero de otra Comunidad Autónoma mejor dotada de fondos. Voy también a intentar buscar el modo, a través de la Escuela o directamente, de devolver a Bruselas la asignación que ya he recibido; por más que, en cualquiera de ambos casos, la burocracia comunitaria hará el proceso, con seguridad, largo y difícil. Incluso doy por perdido el dinero pagado en los billetes, así como lo que el hotel que reservé quiera retener como paga y señal; lo tomo como una sanción a mi confiado optimismo. Pero lo que no sé, de verdad, es qué decirle a Mme. Rechter.

¿Cómo explicar al TGI de Versailles -y a la Cour d’Appel, que iba a recibirme juramento- que todo el trabajo que se han dado en mi interés, y en el de la cooperación entre nuestros países, ha sido una pérdida de tiempo? ¿Que extraordinario suceso -o mejor terrible suceso, como me dijo la Srta. Montse- puedo aducir para justificar mi inasistencia? ¿Qué pensarán de nuestra administración, de nuestro sistema de justicia? Francamente, la magnitud del estropicio sobrecoge. Es más, parte del daño a nuestra imagen ya está hecho, pues durante las tres últimas semanas ha permanecido en mi juzgado una juez italiana, acogida al mismo programa de intercambio que yo ya no podré realizar. Teresa Gerace, que así se llama la magistrada, ha marchado a su país precisamente este viernes pasado, tras enterarse de la “terrible” noticia y convencida de la vigencia de aquel reclamo turístico que proclamaba que “Spain is different”. Lo que, supongo, advertirá para su buen gobierno a todos sus compañeros.

No te entretengo más. Como comprenderás, y más allá de las cuestiones de imagen nacional, en el plano personal estoy profundamente decepcionado. Cada vez entiendo mejor a mis compañeros que se marchan de Catalunya: yo, que soy de aquí, estoy empezando a pensármelo. No sólo estoy decepcionado por no poder llevar a cabo un programa tan interesante; por desgracia, me sucede por segunda vez consecutiva, por lo que ya me voy acostumbrando. Lo estoy, en especial, por un detalle que me resulta particularmente hiriente: que se me haya apartado del curso cuando, como quien dice, ya tenía un pie en el estribo. No creo que me merezca tanta desconsideración. Pero en fin, ya no tiene remedio; supongo que parte del disgusto obedece a que mis conceptos sobre la delicadeza o la formalidad deben estar algo trasnochados; hoy en día nadie se anda con demasiadas contemplaciones. Con todo, soy obstinado: pienso seguir apegado a mis modales. Así que buscaré la manera de disculparme, en nombre de todos, con las autoridades francesas; espero hacerles entender -sin tener que explicar demasiados detalles- lo que ha sucedido, así como que estoy sinceramente avergonzado por ello. Francamente abochornado. Miraré también de reintegrar el dinero recibido a la mayor brevedad, me disculparé con Bruselas y, por último, cargaré a mi cuenta el coste de los billetes y reservas perdidos. Eso sí, hay una cosa que no volveré a hacer mientras permanezca en mi actual destino: pedir o aceptar un curso de formación, o cualquier otra actividad, que implique abandonar el Juzgado, ni que sea un día. Así que por mi parte no quedará: el objetivo presupuestario se cumplirá a rajatabla, caiga quien caiga. Aunque en realidad lo haré, sobre todo, por otro motivo: no sé si resistiría una tercera decepción con la necesaria paciencia.

Espero contar con tu comprensión, y te agradezco sinceramente la atención que hasta aquí me has dedicado.

Un abrazo de tu compañero,

Ildefonso Carol Grau

Fuente: ILDEFONSO CAROL GRAU